LA SOMBRA DEL ARBOL ROJO
PRIMITIVISMO VOLUNTÁRIO
La antropología nos narra la epopeya de la humanidad: un viaje desde las cavernas hasta las estrellas, un proceso de "matización" y depuración de acciones y conductas. Hemos construido lenguajes, leyes, ética y un vasto edificio de conocimiento. Sin embargo, en el corazón de nuestra civilización, observamos con perplejidad la persistencia de actitudes que operan como un mecanismo de retroceso, una fuerza gravitacional que intenta devolvernos a un origen que creíamos superado. No me refiero al "buen salvaje" ni a la pureza de los orígenes, sino a un estado de estancamiento: el primitivismo cognitivo y volitivo.
Existe una categoría de individuos que, mediante sus acciones, recrean y actualizan ese estadio primitivo. No es que hayan retrocedido en el tiempo, sino que han erigido una fortaleza en la "zona de confort" de sus propias limitaciones. El confort, en este contexto, no es el descanso del guerrero, sino la coraza del que se niega a la batalla del pensamiento. Es la preferencia por la inercia mental, un espacio conocido donde no hay preguntas incómodas, donde el conocimiento no amenaza con desmantelar las certezas.
El problema no es la ignorancia, que puede ser un punto de partida. El drama es la obtusidad, la necedad activa. Es la actitud de aquel a quien se le muestra el árbol y se le dice "es verde", pero su percepción, o más bien su voluntad, lo ve rojo. Y ahí reside la tragedia: "nadie le quita eso de la cabeza". No porque su error sea una simple equivocación perceptual, sino porque su "ver rojo" se ha convertido en un acto de identidad, un pilar de su realidad. Corregir la visión implicaría desmoronar el castillo de naipes de su propio ser, y el miedo a esa reconstrucción es paralizante.
Esta es la esencia del ser humano "estancado", "retrógrada" y "carente de ideas". No es que no tenga capacidad; es que ha clausurado la entrada a nuevas ideas. Su mente funciona como un sistema inmunológico que ataca cualquier cuerpo extraño, cualquier noción que pueda perturbar la homeostasis de su zona de confort. Es un ser prisionero de su propia subjetividad elevada a dogma.
Alimentar el conocimiento es un acto de valentía. Requiere admitir que lo que sabemos hoy puede ser insuficiente o erróneo mañana. Requiere la humildad de aceptar que el árbol podría ser de un color que aún no hemos aprendido a ver. Pero el individuo primitivo del que hablamos carece de esa voluntad. Su "sin ganas de crecer" no es una simple pereza, es una negación ontológica. Prefiere la seguridad de su verdad roja, por equivocada que sea, a la incertidumbre de un mundo verde y complejo.
Llamarlos "primitivos" no es un juicio de valor en el sentido evolutivo biológico, sino una descripción precisa de su estado: son almas que han desertado del proyecto humano de superación constante. Han abandonado la tarea de pulir la piedra de su entendimiento. Su conducta nos regresa simbólicamente a los orígenes, a un tiempo donde el asombro y el aprendizaje no eran el motor, sino la mera supervivencia de la propia cosmovisión, por limitada que esta fuera.
Es triste, ciertamente. Porque uno intuye que en cada persona hay un potencial para ver el verde, para maravillarse con el matiz, para sumar su gota al océano del conocimiento colectivo. Pero la necedad es un dique que aísla esa gota y la deja estancada hasta evaporarse en la irrelevancia.
La reflexión final, quizá la más dolorosa, es que estos "primitivos" no son una especie aparte. Habitan en nuestras familias, en nuestros trabajos, en nuestros gobiernos. Y, si somos honestos, también habitan en nosotros mismos en ciertos momentos, cuando preferimos no preguntar, no cuestionar, aferrarnos a nuestro "árbol rojo" para no tener que enfrentar la complejidad del jardín entero. La lucha contra el primitivismo interior es, probablemente, la batalla más larga y silenciosa de la civilización.
Paco Rentería
Desafortunadamente hay muchos primitivos en la sociedad, yo trato de abrir los ojos y no caer en ese estado que dices, pero hay muchos que no quieren salir, porque ver el árbol rojo les da sensación de estar en lo correcto. Hoy estuviste muy filósofico Paco. Gracias por compartir tus pensamientos.
ResponderBorrarFantástica oportunidad para agradecer a mi árbol rojo, ya me dio el mensaje, ahora me quiero hacer responsable de trabajar en mí primitiva sombra y actuar desde ya. gracias Paco por estás hermosas reflexiones.
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