ENCONTRARSE A UNO MISMO, LA FALSEDAD
El mito del tesoro escondido
La cultura popular ha perpetuado una metáfora engañosa: la de encontrarse a uno mismo como quien desentierra un cofre enterrado, como si en el interior de cada persona reposara una esencia inmutable, una verdad última aguardando ser descubierta. Esta imagen seduce porque promete un punto de llegada, un reposo después de la búsqueda. Sin embargo, esa promesa oculta una contradicción: si el yo fuera algo fijo, ¿cómo explicar que cada experiencia —cada lectura, cada frustración, cada alegría— nos transforme?
Lo que llamamos "encuentro con uno mismo" no es el hallazgo de una figura ya tallada, sino un instante de coherencia dentro de un proceso de construcción perpetua. Tus experiencias no son pistas que conducen a un tesoro preexistente; son los propios materiales con los que edificas. El rompecabezas no tiene la imagen impresa de antemano: la imagen emerge mientras ensamblas piezas que ni siquiera sabías que pertenecían al conjunto.
Cada consejo que integras, cada reflexión que duele, cada frustración que te obliga a reconsiderar, son piezas que no encajan porque estaban destinadas a ese lugar, sino que crean el lugar al encajar. La contingencia es precisamente esto: no hay un plano previo, solo una coherencia que se va tejiendo a posteriori.
Aquí reside la paradoja fundamental: el único modo de encontrarte es construyéndote. No hay un yo previo a tus elecciones, tus errores, tus aprendizajes. Como sostuvo Ortega y Gasset, "yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo". El sí mismo no es una esencia que flota intacta mientras acumulas experiencias; es el resultado del modo en que asimilas esas experiencias.
La búsqueda no es retrospectiva (encontrar lo que ya estaba) sino prospectiva (construir lo que aún no es). Y ese construir es, a su vez, un encontrarse, porque en cada elección significativa te revelas a ti mismo como el autor de tu propia forma.
Pensar la identidad como construcción en lugar de como descubrimiento tiene una consecuencia liberadora y a la vez exigente: nos hace responsables. No podemos excusarnos diciendo "no he encontrado quién soy", porque la pregunta está mal planteada. La cuestión no es quién eres, sino quién decides seguir siendo mediante aquello que incorporas, rechazas, transformas.
Cada experiencia que integras no te aleja de tu "verdadero yo"; te constituye. El crecimiento no es un desvío, es el camino. La evolución del pensamiento no es una corrupción de una pureza original, sino el único medio por el que esa supuesta pureza adquiere sustancia.
La contradicción se disuelve cuando comprendemos que encontrarse y construirse no son dos acciones opuestas, sino dos caras del mismo proceso. Te encuentras en el acto de construirte, porque la construcción no es arbitraria: tiene limitaciones, materiales heredados, tendencias que llamamos "carácter". Pero esos límites no son una jaula; son el andamio desde el cual edificas.
Lo que llamamos "encontrarse" suele ser un momento de integración: aquel en que la suma de tus experiencias alcanza una coherencia que te permite decir "esto soy". Pero ese "esto" es provisorio. Mañana, una nueva lectura, una nueva frustración, un nuevo consejo que antes no podías escuchar, reconfigurará el conjunto. Y ese nuevo conjunto no será menos auténtico que el anterior.
La falsedad de la idea de "encontrarse" como destino es que nos instala en una actitud pasiva, como si hubiera algo que solo espera ser visto. La verdad de la construcción es más exigente: te pide que te hagas cargo de que eres, en buena medida, el resultado de tus decisiones sobre qué hacer con lo que te sucede.
No hay un yo esperándote al final del camino. Hay un camino que, al andarlo, va dejando las huellas que llamamos "yo". Y eso, paradójicamente, es lo único que puede parecerse a un encuentro verdadero: el instante en que reconoces que todo lo vivido, leído, sufrido y amado no te ha apartado de ti mismo, sino que es precisamente el único lugar donde podías llegar a serlo.
Cuando sientas la urgencia de "encontrarte", quizás te convenga recordar que no estás perdido, estás en obra. Y esa obra eres tú construyéndote con los materiales que la vida te da, en lugar de buscar un plano que nunca existió…
Paco Rentería
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