8M
8M: EL ECO DE LA DIOSA
El 8 de marzo no es una fecha más en el calendario; es un latido colectivo que recorre el mundo.Millones de mujeres salen a las calles no solo para celebrar los derechos adquiridos, fruto de una lucha histórica y a menudo sangrienta, sino para exigir que esos derechos se consoliden y para recordarnos que la meta de una sociedad libre de violencias machistas y sin brechas de género aún no se ha alcanzado. Es una jornada de reivindicación, de memoria y de esperanza. Pero, ¿cuál es el lugar del hombre en este día? ¿Cuál es el lugar de un padre que observa, que celebra y que, sobre todo, desea contribuir?
Invito a reflexionar sobre el rol del hombre que, desde la conciencia de su género, decide no ser un espectador pasivo, sino un potenciador, alguien que engrandece la voz femenina no porque ella lo necesite para existir, sino porque reconoce que el eco de esa voz es el que construye una humanidad más completa.
Celebrar a las mujeres desde su coherencia, congruencia, vocación y fidelidad a su género, apunto a un núcleo esencial: la autenticidad. No se trata de idealizar a la mujer como un ser etéreo e inalcanzable, sino de reconocer y valorar a aquellas que viven su feminidad con integridad. Mujeres que, en su diversidad —la científica, la madre, la artista, la lideresa social, la trabajadora—, se mantienen fieles a su propia voz, a su propia lucha. Esa fidelidad a sí mismas es la que hace que su mensaje "resuene" y confine sus ecos en la eternidad de quienes admiramos, valoramos y respetamos. Esa eternidad no es otra cosa que la memoria cultural, el cambio social que perdura más allá de una generación.
La lucha es de todos los días, no desde la retórica, sino desde el nicho. El nicho es nuestro espacio íntimo, nuestro lugar en el mundo. Para un padre, el primer nicho es el hogar. Ahí es donde se forja la igualdad real: en la distribución equitativa de las tareas domésticas, en la crianza de los hijos e hijas libres de estereotipos, en la forma en que hablamos de las mujeres, en el respeto con el que tratamos a la madre de nuestros hijos, en las películas que vemos juntos y los libros que leemos. Es un desafío diario que se gana con pequeñas acciones, no con grandes discursos.
Desde el trabajo dignificado a la Diosa Mujer. Dignificar no es poner a la mujer en un pedestal, porque el pedestal también es una forma de alienación, de alejarla de lo humano. Dignificar es reconocer su trabajo —remunerado o no—, es valorar su opinión, es respetar su cuerpo y sus decisiones, es ceder espacio y privilegios. Es, en definitiva, tratarla como un igual, con la misma dignidad intrínseca que poseemos todos los seres humanos. Es dejar de verla como "la otra" para verla como parte indispensable del "nosotros".
Como padre de una hija, mí perspectiva adquiere una dimensión única. No lucha solo por las mujeres en abstracto, sino por el mundo en el que mi hija crecerá. Quiero que habite una sociedad donde su voz sea escuchada sin ser silenciada, donde su cuerpo no sea un campo de batalla, donde sus sueños no tengan un techo de cristal. Cada paso que damos hacia la igualdad es una semilla que planto para su futuro y el de todas. La admiración por la Amazonas de América, por la fuerza indómita de la mujer de este continente y resto del
mundo, se convierte entonces en una responsabilidad: la de ser un aliado, un compañero de ruta que no pretende liderar la marcha, sino allanar el camino a su lado.
Felicidades a las mujeres, sí. Pero no una felicitación vacía, sino un reconocimiento activo. Un reconocimiento que se demuestra en la lucha diaria por ser un hombre mejor, por construir una paternidad consciente y por contribuir a que el eco de la voz femenina, libre y potente, resuene por siempre. Porque una sociedad que camina hacia la igualdad no es solo más justa para las mujeres, es una sociedad con mayor calidad democrática, más humana y, en definitiva, más habitable para todos y todas. El 8 de marzo es su día, pero la responsabilidad de construir la igualdad es, ineludiblemente, de todos los días y de todos.
De nuevo Felicidades MUJER
Paco Rentería