TRAICIÓN A TU VIDA

 



La ilusión del "mañana"


Postergar la traición a tu vida es, paradójicamente, traicionarla cada día. Porque la vida no es un préstamo eterno, sino un soplo caduco. El error fundamental está en creer que el tiempo es un archivo donde podemos guardar los actos de amor, las palabras sinceras, los abrazos pendientes, para recuperarlos "cuando llegue el día".


¿Y si ese día nunca llega? La historia está llena de calendarios vacíos, de promesas que el tiempo se llevó sin pedir permiso.


Los porqués que habitan el silencio,heridas sutiles pero profundas: el "te quiero" que se quedó en la garganta, el salto bajo la lluvia que nunca ocurrió, el meme que ocupó el lugar del libro, el abrazo que no se dio. Parecen pequeños, insignificantes. Pero acumulados forman una vida vivida en modo pausa.


No es que haya que hacerlo todo —eso es imposible e insoportable. Es que hemos convertido la pausa en costumbre, y la costumbre en estilo de vida.


El silencio que pesa más que las palabras: el silencio de tus silencios. Porque hay silencios que son paz, y silencios que son tumbas. El silencio que no debió ser silencio —ese que calló un "te amo" a tiempo, una disculpa necesaria, una pregunta oportuna— termina envenenando el alma. No por ruido, sino por ausencia.


Cuando la madre ya no entiende, cuando los hijos volaron, cuando el amigo murió, cuando el cuerpo ya no puede caminar ni oler... ese silencio se vuelve compañero perpetuo. Y no es un silencio vacío: está lleno de lo que no se dijo, no se hizo, no se arriesgó.


El tiempo no vuelve, pero tal vez podemos mirarlo con otro lente. No se trata de vivir corriendo, sino de vivir presente. No se trata de hacer todo, sino de no aplazar lo que verdaderamente importa.


El meme y el libro pueden coexistir. La risa y el abrazo también. Pero cuando elegimos sistemáticamente lo fácil, lo cómodo, lo inmediato, a costa de lo profundo, entonces sí: estamos traicionando nuestra única vida.


La vida no se traiciona solo con grandes errores. Se traiciona con pequeños silencios repetidos, con gestos de amor que dejamos para después, con palabras verdaderas que guardamos en un bolsillo hasta que ya no hay a quién decírselas.


El día que esperas no llegará mágicamente. Llegará cuando decidas que este día —este preciso, imperfecto, cansado, ordinario día— es el único que tienes para decir, amar, brincar en la lluvia o simplemente abrazar sin motivo.


No esperes. No porque haya que hacerlo todo, sino porque lo que realmente vale no soporta la espera.


Posponer es morir lentamente en el silencio de los silencios



Paco Rentería 

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