NO QUIERO SER PARTE DE UN MUNDO, DONDE AMABILIDAD SEA UNA DEBILIDAD



Vivimos atrapados en un contrato social no escrito que confunde la dureza con la fortaleza, el cinismo con la inteligencia y la indiferencia con la madurez. Quien es amable es ingenuo. Quien evita discusiones es débil. Quien prefiere la paz antes que tener razón es un conformista. Pero lo que este mundo no entiende,es que la verdadera evolución no consiste en ganar batallas verbales, sino en trascender la necesidad de librarlas.


Cuando alguien afirma que 0+0 es 20, y tú respondes "vale", no estás claudicando ante el absurdo. Estás eligiendo tu paz por encima de un triunfo estéril. Porque hay una sabiduría profunda en saber qué batallas merecen tu energía y cuáles no. El que necesita demostrar que el otro está equivocado sigue preso de su ego. El que sonríe y continúa ya se ha liberado.


Propongo entonces un manifiesto vital: mojarse con la lluvia, cantar, bailar, leer, reír, jugar, nadar en el mar. No es una lista caprichosa. Es una declaración de guerra contra la desconexión. Contra esa vida que se vive de puntillas, sin mojarse, sin mancharse, sin entregarse. Porque el amor —hacia uno mismo y hacia los demás— no es un sentimiento pasivo. Se cocina, se baila, se comparte. Se demuestra en cada pequeño acto de presencia plena.


Si la gente no lo entiende, es que tristemente nunca evolucionó. Porque hay quienes confunden la vida con acumular razones, ganar discusiones, protegerse tras murallas de indiferencia. Nunca entendieron que la vida no es un problema a resolver, sino una realidad a experimentar. Nunca entendieron que la inteligencia emocional más alta no es la que desmonta argumentos, sino la que sostiene una mano temblorosa, la que ríe sin motivo, la que dice "te quiero" sin esperar nada a cambio.


Ser amable no es una debilidad. Es la forma más radical de rebeldía en un mundo que ha decidido que el cinismo es la única postura inteligente. Es mirar a los ojos, escuchar de verdad, perdonar sin condiciones, y seguir sonriendo incluso cuando te llamen ingenuo. Porque al final, cuando la lluvia moje tu piel y el sol te regale su calor, sabrás que no hay discusión que valga la pena perder eso. Y que el verdadero fracaso no es ser débil. Es haber vivido sin atreverse a amar.


Date amor y da amor. No es un consejo bonito. Es la única instrucción que realmente importa. Todo lo demás —discutir, tener razón, demostrar superioridad— es ruido. Y quienes no lo entienden, efectivamente, se quedaron atrás. No porque sean menos inteligentes. Sino porque nunca se atrevieron a ser vulnerables. Y sin vulnerabilidad, no hay evolución. Sin amabilidad, no hay humanidad. Sin amor, no hay vida que merezca llamarse tal.


Paco Rentería 

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