NOSTALGIA
La nostalgia irrumpe sin permiso, como un destello que desgarra la rutina. Basta un aroma que flota en el aire, una canción que suena al azar, el tono de una luz en la tarde, y de pronto el presente se vuelve vidrio: frágil, translúcido, y detrás asoma otra vida.
Esa vida fui yo, y ya no soy. Pero duele y abraza a la vez. La nostalgia no es simple recuerdo. El recuerdo es una fotografía que observamos desde fuera; la nostalgia es volver a habitar la imagen, sentir en el pecho la tibieza de lo que fue. Es ternura con un dejo amargo, melancolía que no lamenta, sino que agradece a su manera. Porque lo que nos conmueve no es la pérdida pura, sino el haber tenido algo digno de echar de menos.
Así, la nostalgia construye un puente invisible entre el niño que fui y el adulto que miro hacia atrás. Un puente que no lleva a ningún lugar físico, sino a un territorio íntimo donde el tiempo no avanza: los colores de una cocina antigua, el sabor de una fruta partida en dos, la risa que estallaba sin motivo entre amigos que ya no están. La infancia entera cabe en el olor de la lluvia sobre tierra seca.
Pero ese puente también muestra su otra orilla: la fragilidad. Lo vivido fue intenso, verdadero, marcó surcos profundos en quien soy. Y sin embargo, no puede repetirse. La nostalgia es el arte de sostener esa contradicción sin rendirse: saber que aquello fue, y que precisamente por eso sigue siendo, aunque ya no vuelva.
Por eso, lejos de ser un ancla que nos hunde en el pasado, la nostalgia puede ser una llama que ilumina lo que aún es valioso. Nos recuerda que los momentos que nos formaron —una tarde, una despedida, una caricia accidental— no han muerto: viven dentro, latiendo bajito, esperando ser sentidos. Y al sentirlos, algo en nosotros se reconcilia con el tiempo.
Nos queda entonces, como enseñanza, no la obsesión por recuperar, sino la gratitud por haber habitado. Porque solo quien ha amado sus días conoce esa herida dulce de la nostalgia. Y en esa herida, paradójicamente, encontramos la fuerza para seguir siendo, ahora, el puente que nunca termina de construirse.
Paco Rentería
Mi niña hermosa 😍 todo tubo que ser así pará que puedas aprender a mirar sin juicio y activar la misericordia para poder trascender en mi aquí y mi ahora, esta la está oportunidad de vivir... Y liberar a las generaciones venideras.
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