LÁGRIMAS
Las lágrimas, son un acto de pureza: desnudan el alma, disuelven máscaras y revelan nuestra vulnerabilidad compartida. Sin embargo, el ego —ese guardián ilusorio de la fortaleza— las convierte en motivo de vergüenza o debilidad, distorsionando lo que en realidad es un lenguaje universal de conexión.
Qué triste paradoja: rechazar la ternura, ocultar la melancolía o silenciar la compasión por miedo a parecer frágiles, cuando en realidad es ahí, en esa rendija abierta del llanto, donde nos hacemos más auténticos, más cercanos a lo divino o a lo profundamente humano.
El ego teme que al dejar caer las lágrimas, se desvanezca su ilusión de control. Pero el alma, sabia, sigue llorando en secreto, limpiando heridas, recordándonos que en la humildad de la emoción reside nuestra verdadera fuerza.
Paco Rentería