GENTE ABEJA Y GENTE MOSCA
Entre la Miel y el Estiércol
En el vasto y complejo panorama de la naturaleza humana, a menudo surgen metáforas poderosas que intentan categorizar las distintas actitudes que adoptamos frente a la vida. Una de las más gráficas y reveladoras es la que distingue entre dos tipos de personas: las abejas y las moscas. Esta dicotomía no se refiere a la condición moral de las personas, sino a su predisposición psicológica, a su foco de atención y, en última instancia, a su elección de dónde posar la mirada en el mundo que les rodea. Es una cuestión de perspectiva y propósito.
Las abejas representan el principio de la productividad positiva, la búsqueda de la belleza y la transformación de lo bueno en algo eterno. Su existencia gira en torno a la flor, un símbolo universal de delicadeza, color, fragancia y potencial. La abeja no se limita a admirar pasivamente; interactúa con la belleza de forma activa y simbiótica. La poliniza, permitiendo que la vida continúe, y a la vez extrae de ella el néctar necesario.
Este proceso de transformar el néctar en miel es la clave de la metáfora. La miel es un elixir dorado, dulce, nutritivo y nunca caduca. Esto simboliza la creación de algo perdurable a partir de experiencias positivas: el conocimiento que se comparte, el arte que se crea, las relaciones que se nutren con cuidado, la resiliencia que se construye ante la adversidad. La persona-abeja elige conscientemente buscar lo bueno, lo constructivo y lo bello, incluso en un entorno árido. Su trabajo es constante, comunitario y tiene un propósito claro: contribuir al panal, al bien común. Son productivas porque su labor tiene un fin que trasciende la mera supervivencia; es una labor de creación y legado.
En el extremo opuesto se encuentran las moscas. Su instinto las lleva inevitablemente hacia el estiércol, la carroña y los desechos. Son las primeras en llegar, ávidas por alimentarse de lo que otros han descartado, de la podredumbre y la negatividad. La persona-mosca tiene una atención magnéticamente orientada hacia el drama, el chisme, el fracaso ajeno, la queja y la miseria.
No se trata de que ignoren la existencia de las flores, sino que su foco de interés está programado para lo contrario. Encuentran consuelo o incluso placer en revolcarse en la negatividad, alimentando ciclos de toxicidad. Mientras la abeja construye, la mosca consume y se contamina. Su productividad, si puede llamarse así, es en la propagación de la descomposición. Son agentes del pesimismo, expertas en encontrar el lado negativo de cualquier situación y, lo que es peor, en congregar a otras alrededor de ese foco de infección moral o emocional.
La importancia de esta metáfora reside en que no nos condena a ser uno u otro para siempre. Por el contrario, nos presenta una elección diaria y consciente. Todos tenemos dentro tanto a la abeja como a la mosca. Hay días en los que, heridos o cansados, podemos ser atraídos por la queja fácil o la visión pesimista. La clave de la inteligencia emocional y la madurez radica en reconocer esta tendencia y elegir activamente ser abeja.
Ser abeja no significa ser un optimista ingenuo que ignora la existencia del "estiércol" en el mundo. La maldad, la injusticia y el dolor existen. La diferencia es que la abeja no elige habitar allí. La reconoce, la evita y centra sus energías en construir, sanar y crear belleza a pesar de todo ello. Es una actitud resiliente y proactiva.
La vida siempre ofrecerá tanto flores como estiércol. La pregunta que define nuestra experiencia no es qué hay más, sino hacia dónde dirigimos nuestra mirada y nuestra energía. La metáfora de las abejas y las moscas es un recordatorio poderoso de que tenemos el poder de elegir nuestro alimento mental y espiritual.
Podemos elegir ser moscas, alimentándonos de la negatividad y viviendo en la inmediatez de lo desagradable. O podemos elegir ser abejas, buscando incansablemente la belleza y la bondad, por pequeñas que sean, para transformarlas en nuestra propia miel: una vida dulce, productiva y con un legado que, como la miel, trasciende el tiempo y nutre a los que vienen después. La elección, en última instancia, es solo nuestra. ¿Hacia qué volaremos hoy? …
Paco Rentería